“Mi mayor rival y también un amigo leal y generoso”. Con esa persona, descrita por el propio protagonista, competía palo a palo el segundo título y el primero de Fangio en la historia de la Fórmula 1. Mano a mano con el italiano Alberto Ascari, que con la Ferrari característica roja disputaba el título mundial.
Nos situamos en el otoño del año 1951, en Barcelona, en el circuito callejero de Pedralbes. El asfalto que con el correr de los minutos se calentaba más y más, al igual que el ambiente. Al Chueco el año anterior se le había escapado el campeonato en la última carrera por un problema de motor. Sentía la revancha a flor de piel.
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Con el olor a nafta impregnándose en el ambiente y el ruido de los motores ensordecedores, Juan, con 40 años, se sentó en su Alfa Romeo 159, la mítica Alfetta. Con ya la experiencia curtida del Turismo Carretera, se puso el casco, le clavó los ojos a la Ferrari que tenía delante. Ahí estaba Ascari, que largaba en la pole position. Fangio lo sigue desde el segundo lugar. Con una misión clara. Pasarlo.
Son apenas tres puntos de ventaja los que tiene el argentino en el campeonato. El que gana hoy, tiene la gloria eterna. El que pierde, se va con una sensación de remordimiento.
Atrás, en la tercera posición, en silencio, estaba el otro tercer candidato a llevarse el título: el argentino José Froilán González, el Cabezón. Un bonaerense que tenía el otro asiento de Ferrari.
Los motores rugen. La mente de los pilotos estaba puesta solamente en esas 70 vueltas. El único ruido que cabía en el circuito es el de los autos, listos para la largada. Luz verde y empezó la acción.
Los autos aumentan a más de 250 kilómetros por hora, y es uno de los circuitos más rápidos y peligrosos de los inicios de la Fórmula 1 por su largada recta. Cuarta vuelta. El argentino, en una curva cerrada, le quita el primer puesto al italiano y empieza a dominar.
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Los ingenieros de Ferrari, en busca de acortar unas décimas de segundo en el cronómetro, equiparon al monoplaza con llantas de 16 pulgadas en lugar de las de 18 convencionales. Las gomas más chicas no resisten a la fricción contra el asfalto. El caucho empieza a desintegrarse. Froilán González es el primero en entrar a boxes a cambiar ruedas. Atrás va Ascari, viendo cómo sus neumáticos delanteros se empiezan a romper. Entra una, dos veces. Queda relegado a la cuarta posición, a dos vueltas de la punta.
Del lado de Alfa Romeo también se pone en juego la estrategia. Para despistar al mayor competidor, los mecánicos hicieron correr el rumor de que el auto de Fangio llevaba tanques de combustible adicionales para girar las 70 vueltas de corrido sin parar. Cosa que hoy en día es imposible, ya que sí o sí tienen que parar una vez por reglamento.
Pero en ese entonces, colocaron un tanque falso, una maqueta de chapa en el coche. En Ferrari, a consecuencia de lo visto, cambiaron su plan de paradas y picaron el anzuelo. Pero a mitad de carrera, los ingenieros le hacen señas al Chueco para que entre a recargar combustible. El argentino frena, recarga y vuelve a la pista sin entender la estrategia.
Faltan pocas vueltas. El auto responde. El motor ruge limpio. Fangio cruza la bandera a cuadros con una soledad absoluta. El tipo de Balcarce se acaba de consagrar como el primer Campeón del Mundo argentino en la historia de la Fórmula 1.
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Fuente: 442.perfil.com
